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martires

El 28 de Octubre del 2007

un centenar de Consaburenses participamos con emoción en la solemne beatificación en Roma de nuestros queridos Hermanos Mártires de La Salle de Consuegra, fué una manifestación de fe, una fe heroicamente testimoniada hasta dar la vida. Los testigos eran hermanos nuestros que cumplieron esa palabra del santo Evangelio: nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos .
Breve reseña de los cuatro Hermanos de las Escuelas Cristianas, martirizados, tres de ellos, en la Boca del Congosto (Toledo) y uno en Fuente el Fresno (Ciudad Real) en los días 6 y 7 de agosto, respectivamente, de 1936. Esta reseña ha sido reelaborada en base a un artículo del Hermano Andrés Hibernón escrito el 22 de marzo de 1940. El original de este artículo se conserva en el Archivo de La Salle de Griñon.

Beato Hermano Teodosio Rafael (Diodoro López Hernando)

Nació en Salguero de Juarros (Burgos) el 27 de septiembre de 1898.
El mismo día de su primera comunión afirma: “Desde mi primera comunión me sentí fuertemente atraído a la vida religiosa en la que me es más fácil y segura la salvación eterna”. Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Bujedo (Burgos) el 27 de junio de 1914. Pocos días después escribió: “Mi vida consistirá en el amor divino, y buscaré mi gozo en el sacrificio”.
Obtenidos los diplomas de Catequista Elemental y Superior y el de Magisterio Nacional ejerció su apostolado en Mieres (Asturias), Melilla, Griñón (Madrid) y Bujedo (Burgos), siendo siempre un brillante educador. Tras terminar su formación religiosa y pedagógica, prosiguió estudiando cuanto pudo. En ocasiones se le oía decir con cierto gracejo: “Los Hermanos tenemos que pertenecer a la aristocracia de la inteligencia". Este empeño por acrecentar el saber no le hacía menguar en nada ni su piedad ni las demás observancias religiosas.
Entre las cosas que dejó escritas podemos leer: “En cuanto a mí toca, pediré siempre los permisos generales para la Comunidad, a fin de estar siempre bajo el yugo del Señor. ¡Ah, si fuéramos todos mártires de la obediencia! ¡Qué pujante estaría nuestra congregación y cuánto bien haríamos en nosotros y por nosotros!”
Reveladoras de su gran amor al prójimo son estas palabras: “Tengo que querer mucho a los escolásticos (los estudiantes de la carrera de Maestro en la Normal de Griñón, de los cuales era subdirector). Tienen necesidad de sentir mi cordial amor”. Para animarlos a preparar su futura misión de educadores apostólicos les recordaba a menudo estas palabras de San Juan Crisóstomo: “¿Hay, por ventura, misión tan sublime como la de gobernar almas y educar en las buenas costumbres a los jóvenes? Por cierto que ningún pintor, ni escultor, ni artista puede compararse al que posee el arte de educar a la juventud”.
Siendo profesor de Magisterio en Bujedo (Brugos) hizo de él este elogio su Hno. Director: “El Hermano Teodosio Rafael es un religioso ejemplar: cumplidor, piadoso y profesor consciente”.
Finalmente fue destinado a Consuegra (Toledo) en donde los Hermanos de las Escuelas Cristianas regentaban una hermosa escuela gratuita, fundada por D. Gumersindo Díaz-Cordovés. Él fue con el encargo de ser Director del Colegio San Gumersindo, patrocinado por la “Fundación Díaz-Cordovés”
El anhelo de asegurar la perseverancia de sus discípulos en el servicio divino hasta la muerte, sobre todo de los Hermanos jóvenes, fue su gran preocupación durante la persecución religiosa en España. Las pruebas y contrariedades durante aquellos calamitosos tiempos, de modo especial, lejos de abatir su valor, lo acrecentaron, como también su confianza en Dios. No cesaba de decir: “No me importa mi muerte, sino la suerte que pueden correr nuestros Hermanos jóvenes”. Esperaba obtener mucho fruto de las almas confiadas a sus cuidados. Lo fundamental para ello, decía, es la oración y la devoción a la Santísima Virgen. Trataré de inculcárselo. En los tiempos difíciles y persecutorios, lejos de abatirse, las pruebas y contrariedades que se le presentaron, no hicieron sino acrecentar más y más sus energías y confianza en Dios.

Beato Hermano Eustaquio Luis (Luis Villanueva Montoya)

Vio la luz primera en Cucho (Burgos), el 10 de octubre de 1888, y fue bautizado el mismo día de su nacimiento.
Se cuenta en su biografía que hallándose un superior lasaliano tomando aguas en el balneario de Cucho (Burgos) el joven Luis le manifestó deseos de ingresar en su Instituto. Como el Hermano le expusiera algunas dificultades que podría encontrar y los estudios fuertes que tendría que hacer, Luis pregunto:
- ¿Pero todos los hermanos han de dedicarse necesariamente a los estudios? ¿No hay ninguno destinado a los menesteres caseros?
- Sí, respondió el Hermano. Entre nosotros también los hay cocineros, sastres, etc. pero son los menos.
- Bien, agregó Luis. Si no sirvo para los estudios, puedo prestar servicios de otra forma. Lo que yo quiero es servir a Dios como religioso.
El 8 de marzo de 1907 recibió el hábito de los Hermanos de La Salle en Bujedo (Burgos). Finalmente como sus dotes intelectuales no le hacían apto para la enseñanza, primero en Bujedo y después en Griñón (Madrid), ejerció empleos manuales, igual que en Consuegra (Toledo), donde asimismo fue un ejemplo vivo de regularidad, de humildad y de obediencia sobrenaturales, que le prepararon para dar a Dios la máxima prueba de amor con el derramamiento de su sangre por Él.
Nunca omitió la visita a Jesús Sacramentado, ni por la mañana ni por la tarde, y los domingos y demás días festivos, en los cuales disponía de más tiempo, y sin que nadie le obligara a ello, sino que por su gran amor a Dios y a las almas prolongaba tales visitas.
El siervo de Dios, en la sastrería de Bujedo y posteriormente en la de Griñón, estaba encargado de recordar la presencia de Dios cada media hora, como lo prescribe San Juan Bautista de La Salle para las clases. Indefectiblemente así lo hacía el Hno. Eustaquio Luis con puntualidad y durante breves minutos, al igual que todo el personal que trabajaba en el taller, en su compañía.
Don Pedro Clemente Galán, vecino del colegio La Salle “San Gumersindo”, en Consuegra, asegura que al manifestar al Hno. Eustaquio Luis el mal cariz que tomaban las cosas por causa del Gobierno republicano y el peligro de que mataran a los sacerdotes, religiosos y católicos practicantes, el siervo de Dios le respondió repetidas veces: “Será una gloria muy grande el morir por Dios”.

Beato Hermano Carlos Jorge (Dalmacio Bellota Pérez)

Vino al mundo en Capillas de Campos (Palencia) el 22 de noviembre de 1908.
Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 2 de febrero de 1925. Tanto en su pueblo natal como después en el aspirantazgo o noviciado menor de Bujedo (Burgos) evidenciaba ya su piedad arreglando los altares las vísperas de las fiestas.
Terminada su formación religiosa y profesional en Bujedo (Burgos) ejerció su apostolado en el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas de Madrid, hasta que en 1931 fue pasto de las llamas, porquesegún decían sus enemigos, era el cuartel general del Cardenal Primado de España, doctor Pedro Segura. Su destrucción había sido ya preparada y hasta anunciada en periódicos suizos y comunistas de Berlín un mes antes de que sucediera.
Tras la quema del Colegio con la ausencia y pasividad de las autoridades republicanas, el Hno. Carlos Jorge continuó su apostolado en Cuevas de Almanzora (Almería). Posteriormente en la Escuela Gratuita de Chamberí (Madrid) y por último en Consuegra (Toledo), en cuyas cercanías fue asesinado como había preferido antes que faltar a su vocación de educador cristiano y religioso. En efecto, al proponérselo personas de su familia que se quedase en casa, vistos los malos tiempos que corrían para los religiosos después del incendio del Maravillas, él contestó: “Prefiero seguir Hermano de las Escuelas Cristianas aún cuando para ello tenga que morir mártir”.
En el colegio de Ntra. Sra. de las Maravillas y, después de ser este incendiado por orden del gobierno republicano, en el de Cuevas de Almanzora, adonde fue destinado para continuar su apostolado, como también en los demás centros lasalianos en que estuvo siempre dio ejemplo de piedad y de amor al estudio. Mañana y tarde, una vez preparada la explicación religiosa diaria y las reflexiones educativas para los alumnos, prescritas por San Juan Bautista de La Salle, iba a postrarse ante el sagrario para pedir a Jesús Sacramentado que bendijera su actuación apostólica y la de los demás Hermanos que hacían lo propio en sus respectivas clases.
Al empezar el curso escolar, sus primeras instrucciones religiosas se dirigían a recordar y enseñar las verdades básicas del cristianismo. Después se extendía más en lo relativo a la Santa Misa y a la recepción de los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. Insistía con sus alumnos durante tales explicaciones religiosas, en lo que el fundador de los Hermanos denominaba recapitulación de los principales misterios del cristianismo. También los instruía sobre cuanto se refiere a una auténtica y filial devoción a la Santísima Virgen.

Beato Hermano Felipe José(Pedro Álvarez Pérez)

Nació en Carmena (Toledo), donde vino al mundo el 27 de junio de 1914. Es el único toledano de los cuatro.
Hno. Felipe José Desde muy pequeñito mostró sumo respeto a la iglesia y guardo con celo las devociones al uso. Cursó sus primeras enseñanzas en las Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón de Jesús que los Hermanos de las Escuelas Cristianas regentan en Madrid. ngresó en el noviciado menor o aspirantazgo de Griñón (Madrid) en marzo de 1927. En este nuevo ambiente, de mayor piedad y estudio que el que acababa de dejar, permaneció tres años, enriqueciéndose su inteligencia con más vastos conocimientos y su alma con nuevos quilates de virtud.
Tomó el hábito el 14 de agosto de 1930. Terminada su formación religioso-pedagógica, fue destinado a Consuegra (Toledo). De tal manera se granjeó el afecto de los niños, de sus padres y de los demás Hermanos de su comunidad, que todos los consideraban como un regalo del cielo. Los pocos años que vivió hasta su martirio, los llenó con su regularidad y con su celo apostólico, impregnado de miras sobrenaturales, hasta que le sorprendió la revolución y persecución religiosa de 1936.
Testigos afirman que cuando fue detenido con los demás Hermanos para ser llevado a la cárcel, sin previo juicio alguno, al pasar delante de la habitación donde se hallaba expuesta la imagen de la “visita domiciliaria” de la Santísima Virgen, entró, se postró de rodillas y ¡cuántas cosas no diría y pediría a nuestra Madre del cielo, en aquellos breves momentos que le toleraron los milicianos!
¿Y qué diremos de su amor a la vocación religiosa y a no querer separarse de sus Hermanos, ni siquiera cuando los llevaban al martirio? Si yo amo tanto mi vocación religiosa y la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas es más por amor de Dios que por todas las ventajas materiales que nos ofrece; y no traición al amor infinito que nos ha distinguido a todos los religiosos llamándonos a su divino servicio.

Detención,Prisión y martirio de los Hermanos de Consuegra

Todo el afán del Hno. Teodosio Rafael era asegurar la continuación de su obra apostólica y la de sus Hermanos una vez que los hubieran detenido y posiblemente, dado muerte, como preveían. Con tal fin, llevó a una vecina la documentación de la Escuela de San Gumersindo, de la cual era director, con el encargo de que la conservara e hiciese llegar a sus sucesores en dicho centro docente . Más esta medida de prudencia no sirvió sino para terminar de ahuyentar el sueño del Siervo de Dios durante la noche siguiente. El pensamiento de que esa familia pudiera ser asesinada si les encontraban dichos documentos que les había confiado, le decidió pocos días después, a rogarle que se los devolviera. Arrancó las hojas que pudieran ser comprometedoras a terceras personas y confió todo en manos de la Divina Providencia.
El 21 de julio de 1936, sobre las nueve de la mañana, los Hermanos se hallaban oyendo la Santa Misa. Los milicianos, por orden gubernativa, cercaron la Escuela, profiriendo insultos y mueras. Advertido de ello el celebrante, consumieron las Sagradas Formas para evitar cualquier posible profanación de las mismas, y se trasladaron a la casa de unos vecinos. Pero los milicianos al no encontrar a los religiosos en su Colegio también rodearon la casa en que se habían refugiado. Conminados a que se entregaran, así lo hicieron, sin resistencia alguna. Llevados a la cárcel, en ella continuaron preparándose a la muerte
En la noche del 6 al 7 de agosto de 1936, sin previo juicio alguno ni sentencia de ninguna clase, los sacaron juntamente con un sacerdote y los asesinaron junto a otros fieles consaburenses, en el sitio denominado “Boca del Congosto”, en el término de Los Yébenes (Toledo). Los Hermanos Teodosio Rafael, Eustaquio Luis y Carlos Jorge recibieron la muerte como mansos corderos, entre los insultos y blasfemias de sus verdugos, y con el grito de “¡Viva Cristo Rey!” en los labios
Había sucedido que al nombrar en la cárcel a los presos que iban a llevarse para fusilarlos, llamaron también a Pedro Álvarez Pérez. Cuando oyó su nombre y apellidos el Hermano Felipe José, que tales nombres de pila y apellidos tenía, se presentó a los milicianos. Estos no creyeron que él fuera el religioso, sino otro del mismo nombre y de apellidos idénticos, también encarcelado. A pesar de las reclamaciones del Hermano afirmando que él era el Hermano, no lo creyeron, y se llevaron a su homónimo. El Hermano Felipe José se echó a llorar y pasó toda la noche en llanto, pidiendo que se lo llevasen, diciendo que él quería morir con sus Hermanos.
Según declaraciones del propietario del camión que, obligado por los milicianos, los condujo al lugar del suplicio, al día siguiente, en nueva saca nocturna de presos para asesinarlos, figuraba asimismo el Hermano Felipe José junto con otras personas de Consuegra, que esta vez fueron conducidos a Fuente del Fresno (Ciudad Real), y como los anteriores, sin previo juicio ni sentencia de ninguna clase. El Hno. Felipe José recibió la muerte con idénticas disposiciones a las de sus compañeros del grupo que les precedió.
En octubre de 1961, con motivo de celebrarse el XXV aniversario de su martirio, los antiguos alumnos de la Escuela de “San Gumersindo”, les dedicaron sendas cruces en los sitios donde tuvo lugar su muerte. Muchas personas - afirma el Hno. Andrés Hibernón - nos han asegurado haber recibido varios e importantes favores por mediación de estos cuatro Hermanos de La Salle.

La ceremonia del traslado de los restos de los Mártires

Los cadáveres de los cuatro Hermanos: Teodosio Rafael, Eustaquio Luis, Carlos Jorge y Felipe José, debidamente identificados al concluir la Guerra Civil fueron trasladados y enterrados provisionalmente en el cementerio de Consuegra. La identificación fue absoluta: respecto a dos de ellos, cuando se hizo la primera exhumación, se conocían perfectamente sus facciones: Teodosio Rafael, director y Felipe José. De los otros dos tampoco hubo el menor asomo de duda sobre su identidad, pues, aunque no se les conocía por el rostro, sí por las ropas, especialmente por el guardapolvo, bien conocido por todos, y la sábana en que se hallaban envueltos, donativo de una caritativa señora.
Queriendo honrar a las víctimas de la barbarie marxista, el Ayuntamiento junto con el Arzobispado determinó trasladarlos a las criptas de las tres iglesias del pueblo: las parroquias de Santa María y de San Juan Evangelista y a la iglesia de los PP. Franciscanos.
La ceremonia tuvo lugar el 10 de marzo de 1940. Los preparativos duraron varios meses. En representación de la Congregación asistieron los Hermanos Andrés Hibernón, visitador provincial; Félix Bernardo, primer director del establecimiento y Claudio Gabriel, historiador de estos acontecimientos en lo que se refiere a nuestra Congregación.
Por a las 9 en punto de la mañana se hallaban en la parroquia de Santa María, el ayuntamiento en pleno y una masa ingente del pueblo. Salió la procesión en dirección al cementerio con cruz alzada, estandartes, banderas, cofradías. Todo en orden y en silencio. Lo único que se oía era el son acompasado de tres tambores que marcaban el paso lentamente. Llegados al cementerio, se cantó un responso y comenzó la procesión en dirección a la parroquia. Los féretros fueron transportados a hombros. Los restos de cien de los mártires estaban ya en sus cajas, todas ellas adornadas con la cruz santa y con hermosas coronas. Los de nuestros Hermanos estaban y están en una sola caja.
Llegada la procesión a la iglesia parroquial, puestos ordenadamente los féretros, subió el Sr. Párroco al púlpito y habló breve, pero fervorosamente. No nombró a ninguna de las víctimas; digo mal, hizo una excepción: nombró a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, diciendo que eran los héroes de la abnegación en bien del pueblo, que coronaron su vida con el martirio.
Eran setenta y cinco los que debían descansar en la cripta (que la tienen muy hermosa), justamente debajo del altar mayor; los otros veintitrés, hasta ciento, fueron trasladados en la misma forma, por la tarde, a la parroquia de San Juan Evangelista. Los veintiocho franciscanos lo fueron a su iglesia, el jueves, día catorce del mismo mes y año. El 23 de diciembre de 1982 se les trasladaría al Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo).
Altar mayor de Santa María En la cripta de Santa María, descansaron nuestros Hermanos según se entra en ella y en medio se levantó un altar donde se celebra la Santa Misa en circunstancias oportunas. La caja de nuestros Hermanos llevaba por fuera una placa de cinc que tiene grabados el nombre en hueco, y en el interior de una botella de cristal , el Hermano Tarsicio de Jesús introdujo un documento de su puño y letra que se metió allí mismo, donde está todo género de indicaciones de su identificación, para que nunca puedan confundirse su identidad. Tras ser Beatificados el pasado 28 de Octubre se procedió al traslado de los restos de los nuevos Beatos al Altar de Santa María , donde trás una Misa oficiada por Monseñor Cañizares y con la asistencia de todos los Alcaldes, familiares y vecinos de los pueblos de los 4 Hermanos Beatos , permaneceran para devoción de todos los fieles.

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